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04.2017

Silvia Angelica Cicconi, tenia 17 años, estaba en quinto año, comercial, en la escuela Santa Cecilia de Mar del Plata.

Era hija unica, llevaba una vida normal, sin excesos, con una familia normal, que la hacian sentir muy cuidada y contenida.

El Jueves 27 de Agosto de 1981, fue hallada por su mama, asesinada a puñaladas, dentro de su casa y sobre su propia cama.

El homicidio de Silvia, conmovio, no solo a la sociedad Marplatense, sino a todo el pais.

Ruben y Adela, los papas de Silvia, eran los dueños del restaurante Nueva Italia en Av Pedro Luro 5154 y la vivienda se encontraba en la parte de atras, en el mismo lote, habia una comunicacion directa entre el negocio y la casa.

Lo que sucedio, entre la 01.30 y las 03.00, podria decirse, aun, 35 años despues, que continua siendo un misterio, promovido por una pesima investigacion.

Silvia, estaba de novio con un joven emprendeor, de 25 años, Pablo Mazzei, con quien tenian proyectos a futuro y era una relacion, aceptada por la familia.
Los padres de SIlvia habian ayudado a Pablo en la instalacion de un bar, que llamaron Cafe Medieval, ubicado en Salta y Moreno, tambien de Mar del Plata, distante a unas 20 cuadras del restaurante de la familia. Asi es que Silvia, repartia sus horas entre el estudio, y ocuparse de algunas cosas en ambos negocios.
Una tranquilidad y armonia familiar, que se vio atravezada por la tragedia ese 27 de Agosto.

Esa noche, la familia compartio una cena con amigos, en el propio restaurante.
Silvia, llego cerca de las 22, ceno rapido y se despidio, mencionando que debia madrugar para ir a la escuela.
Rubén Cicconi fue a la cocina del restaurante y preparo viandas, como lo hacia todas las noches, para llevarle a los empleados de El medieval.
Adela, se quedo, pero prometio ir mas tarde. Un rato despues, cerro el negocio, y fue hasta la vivienda a buscar su tapado, para dirigirse al cafe.
Antes de salir, reviso minuciosamente, que todo este cerrado y vio tambien, que Silvia estaba ya dormida, llego al bar, casi a las 01.30 hs.

En la vivienda, no hubo ninguna entrada forzada, ni signos de violencia para acceder. Solamente una ventana, se encontraba rota, desde adentro hacia afuera, lo que podria señalar de que el asesino, ingreso a la vivienda horas antes y se mantuvo escondido, hasta quedar solo en la casa, con Silvia durmiendo, la duda es si, sabia que se quedaria sola, porque habiendo gente en la casa es imposible que se pueda animar a semejante faena criminal y que ademas, la cuchilla utilizada, formaba parte, segun la familia, de la vajilla del restaurante.
Adela, la mama, comentaba
– Esa noche hubo cosas raras. Mi suegra siempre se quedaba en mi casa cuando yo salĂ­a, no la dejabamos nunca a Silvia sola. Esa noche yo no pensaba salir, pero como estabamos festejando un cumpleaños me insistieron.
Ana MarĂ­a, la hermana de Pablo Mazzei, se quedaba a dormir en casa, porque sus padres habian viajado a Buenos Aires.
Ella me dijo
– si vos no venĂ­s al cafe, yo no voy.
HacĂ­a diez dĂ­as que habĂ­amos abierto el cafe. Entonces le dije que vayamos un ratito. Eso hicimos. Ni siquiera le avise a Silvia que me iba. Ella estaba dormida, entre a la habitacion la vi dormida, la tape y apague todas las luces.
Cerre todo, y ahĂ­, yo creo, que encerre a alguien adentro.

Adela, decidio volver del cafe, cerca de las 03.00 de la madrugada.
Asi explicaba el regreso y el hallazgo
– Nos quedamos un ratito, Ruben nos lleva a casa a mĂ­ y a Ana MarĂ­a y nos deja en la puerta.
Cuando entro al pasillo, veo la cortina de la ventana del lavadero que flameaba para el lado de afuera, ahi me asuste, porque pense que habĂ­an entrado ladrones. Cuando entro a la habitaciĂłn de Silvia, empece a los gritos.
Ruben se habĂ­a ido, pero llego a la esquina y volvio, marcha atras en el auto, para ver si habĂ­amos entrado bien. Entonces escucho mis gritos.
Cuando entro se encontro con lo que habĂ­a pasado y le dije que llamara a mi hermano, que es medico. Lo llamamos a el y a la policĂ­a.

No podĂ­an creer lo que estaban observando, fueron invadidos por sensaciones de las que es imposible reponerse.
Silvia estaba ensangrentada sobre su cama, con los pies casi en el piso, aun tenia la cuchilla clavada en el pecho, Adela, desesperada, se la quito y trataba de reanimarla, pero era inutil, tenia mas de 30 puñaladas.

Silvia, habia tenido una relacion anterior, muy toxica y problematica, que repercutio en toda la familia, ya que se dieron algunos episodios de violencia.
Raul Alberto Mingini, tenia 19 años, y no habia quedado bien, desde que Silvia decidio terminar la relacion.
Fue visto como el principal sospechoso, debido a los antecedentes de violencia, pero, cosa rara, la investigacion, no encontro pruebas en su contra.
La habitacion, se encontraba parcialmente revuelta y habia objetos de valor y dinero, que no fueron tocados.
El homicida, reviso todos los libros de Silvia, lo que dejaba claro es que buscaba algun papel, con algo escrito, nadie, tomo huellas para compararlas con quienes despues, habian sido imputados.

Adela, comentaba al respecto
– Estaban revueltos solo los libros de Silvia, estaban todos tirados en el piso, y sus carteritas dadas vueltas, tambien las cajitas de musica.
Como si buscaran algo. Pero no falto nada.
Después de mucho tiempo, un dia hablando con mi suegra, ella recordo que alguien la llamaba a Silvia y le pedía algo, como que tenía que devolverle algo. Yo no puedo decir el nombre de la persona. Él entraba y salía de la comisaría, incluso lo habían detenido con drogas.

En el interior de la propiedad y la vereda, hacia una de las esquinas de la casa, habia un goteo de sangre, como tambien, una impresion de una mano en el toldo de un negocio vecino.
Si bien no era momentos como para cotejos de ADN, para asegurar quien podria ser el propietario de esa sangre, si se podria haber comprobado, grupos sanguineos y algun otro test. Sin embargo, la investigacion se llamaba desorientada.

El pais, hacia cinco años que habia sufrido el ultimo golpe militar y en ese momento, era presidido por Roberto Eduardo Viola, que culmino su mandato en Diciembre de 1981.
El jefe de la policia de la Pcia de Buenos Aires, era tambien un militar, Oscar Enrique Guerrero, quien ya pasados varios meses del hecho, emitio la siguiente frase
– Para la policĂ­a aclarar el hecho es una cuestiĂłn de honor.

Esa frase, sono en los efectivos como una invitacion a la caza de brujas o perejiles, como termino sucediendo.

La autopsia fue contundente, 32 puñaladas realizadas por un cuchillo de gran tamaño, efectuadas de arriba hacia abajo.
La fuerza ejercia fue tal, que quedaron señales en el acolchado de la cama y hasta en el colchon.
HabĂ­a sido amordazada con un trapo, que nadie reconcio como de la casa y sus manos atadas en la espalda con un par de medias de nylon.
La cuchilla, pertenecia al restaurante.

Se dijeron los disparates mas inverosimiles sobre el caso, en parte por el secreto con que pretendian manejar la investigacion y en parte, porque es una costumbre de los medios, para engordad las noticias, sin importar a quien se perjudique.
Asi es que entre las hipotesis, llegaron a involucrar a la familia, la misma que se encontraba ausente de la propiedad y con demasiados testigos del hecho.

El 19 de Febrero de 1981, los dichos del jefe de policia, Guerrero, mostraron sus resultados.

Habian detenido como autor del homicidio y exhibido publicamente, a un changarin y cuidacoches de la estacion de trenes de Mar del Plata, conocido de todos y que vivia permanentemente alcoholizado.
Fernando Saturnino Perez era conocido como el Pacha, oriundo de San Juan, dedicado a las changas y sin domicilio fijo, lo que podria decirse, el candidato ideal.
Fue llevado a la comisarĂ­a 4Âş, la misma que, por entonces alojaba detenidos desaparecidos por razones polĂ­ticas y que despues, fue considerado como centro clandestino de detencion.

Entre la detencion y la llegada a la comisaria, hubo un espacio de tiempo, bastante amplio, que posteriormente, el Pacha Perez, aseguraria que utilizaron para torturarlo y hacerle saber, lo que debia declarar, al confesarse culpable.
Hubo dos detenidos mas (Rivero y DomĂ­nguez), a uno, no se lo localizo, y el otro, la noche del crimen, se encontraba detenido, asi era la investigacion.
La causa estaba a cargo del juez Bernardo Rene Fissore

El Pacha, habia accedido a una defensa particular, por pedido de sus amigos y hasta de algunos vecinos.
Raul Cuence se hizo cargo de su defensa y ejecuto una excelente tarea, apuntada a las torturas a las que habia sido objeto su defendido, para que se declare culpable del homicidio de Silvia Cicconi.

Cuence, pudo probar la inocencia de Perez en varias oportunidades, señalando la cantidad de incoherencias y contradicciones que habia en la causa, hasta llego a solicitar, la recusacion del juez Fissore.
Lo mas insolito fue demostrar que los movimientos del homicida, señalado por la parte acusadora, serian imposibles para una persona con el estado fisico de El Pacha.

Finalmente, se llego a un juicio que muchos caratularon de ridiculo, por la cantidad de disparates que se expusieronm desde la participacion de una vidente, hasta la explicacion de los movimientos felinos de Perez, para entrar y salir de la vivienda.

Fernando Saturnino Perez, se canso de repetir que la policia lo habia torturado, incluso, cito lugares, nombres y apellidos, sin embargo, su destino, ya estaba decidido desde su detencion.
Absolutamente nadie creia que era el homicida, solamente el juez.

El 24 de mayo de 1984, ya en un gobierno democratico, el juez Bernardo Rene Fissore, dicto la absurda sentencia, fue hallado culpable y condenado a prision perpetua con reclusion por tiempo indeterminado.

El Martes 8 de Octubre de 1996, el gobernador Eduardo Duhalde le otorgo la conmutacion de la pena y recupero la libertad, aunque de manera condicional.
El 6 de Marzo de 2000, a los 67 años, fallecio por problemas pulmonares.

El homicidio de Silvia Cicconi, a pesar de esa condena, se encuentra impune, alguien podra decir que fue un crimen perfecto, pero sin dudas, fue mal investigado.

Publico:
Caso: Silvia Cicconi

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